martes, julio 18, 2006

Prima

Prima, has sido un descubrimiento;
inusitado, sí, pero agradable.
Prima, pienso en lo que éramos,
y mira en qué lo has convertido.

Si me buscas con tanto entusiasmo,
¿es por qué de verdad me quieres?
¿O sencillamente es tu gusto
inmesurable de repatir alegría?

Prima, ¿me querras como amigo?
Porque siempre que coincidimos
es una fiesta agradable;
una reunión llena de juegos.

Prima, ¿me querras más que como amigo?
Porque siempre que nos vemos
dejas algo nuevo en mí:
una imagen, una aventura y una duda.

Las imágenes, siempre te traen a mí.
Las aventuras, juegan con mi gozo.
Las dudas no deja en paz mi mente,
y paso los días dándoles de vueltas.

Prima, me llevas por noches frescas,
y me atacas con flores.
Me raptas por las noches
y brindas conmigo, con tu mejor vino.

Yo te digo que me encantas, porque
eres cómo un hermoso día de abril.
Tú dices que a todos encantas,
porque eres así con todo el mundo.

Ahora sólo me pides
que escriba para ti.
Me pides palabras
sólo para ti.

Prima, ¿mis palabras serán
mejor que las imágenes,
las aventuras o las dudas,
que has dejado en mí?

Espero que sí.

miércoles, junio 01, 2005

Cartón Corrugado

Entras a tu taller y te pones contra la pared. Presionas tu cuerpo contra la pared y quedas de espaldas. Esa media luz, la que apenas te ilumina cuando trabajas, con otro poco que te baña, sólo sirve para delimitarte en blanco y negro, definir tu silueta.

Abres tus brazos y acaricias el cartón corrugado que cubre la pared. Despacio, no sé que sientes al hacerlo, pero lo disfrutas. Buscas una caricia en el cartón, quizá un recuerdo. Te gusta pensar que ese momento ya terminó, pero aun sigue ahí, que no terminará, que algo sucederá. Que el silencio del cuarto y lo sutil de tu respiración es música de acompañamiento, como la que usas para trabajar. Entonces te mueves, aun presionando tu cuerpo a la pared, al cartón, débilmente, sólo para disfrutar el rose en tu mejilla. Te detienes y suspiras, profundamente, con mucha satisfacción.

Y no es preocupación si te observan o espían, sólo lo haces. En tonos grises se descubre tu piel, terza, firme, con ese breve brillo, que pide acercarse, alcanzarla, para descubrirla, disfrutarla. Quizá sabe lo peligroso que es tocarla, pues después quién sabe si uno podría separarse o dejar de tocarla. Entonces quedar pegado a ella, a tu piel, para nunca separarse de ti.

Entonces giras y pones tu espalda contra la pared; tu desnudez queda completamente al descubierto. Tu feminidad queda al aire y vibra, en sus detalles redondos, afilados y suaves, con sus caracteristicas firmes y maduros. En esta desinibición completa de tu cuerpo, con la parte en contacto en el cartón de la pared, lo acaricias sutílmente y sale un gemido de ti, casi imperciptible, débil, pero muy claro. Te muerdes los labios y buscas sentarte, lentamente, sin dejar que tu espalda se aleje de la pared y el cartón.

Tu cabello cubre tu rosto. Tus labios sobresalen, como si tu rostro sólo se formará de ellos y una infinita sombra bajo tus cabellos. Tus labios se ven tan deseados como nunca: tan perfectos, tan únicos. No musitas nada, no hablas, casi no respiras - sólo de manera breve, disfrutando cada parte del aire que entra y sale de ti -, ni siquiera tu cabello deja tu rostro o pelo se mueve inoportunamente.

Te quedas ahí, como si fueras una estatua, tan hermosa y frágil, sumamente feminina. En este erótismo parece que te duermes o estás en espera... en esta soledad, en este silencio, ¿qué sueñas, qué esperas?

jueves, abril 21, 2005

Aquí Estamos

Aquí estamos, acostados en tu cama, sólo con los pantalones puestos y descalzos. Bocabajo y mirándonos en silencio, nos hablamos con la mirada y con muecas.

Nos vemos, por un tiempo infinito; buscamos topar nuestras miradas o ver como uno reconoce al otro. Cuando nos cansamos, nos quedamos dormidos. Si uno queda despierto, ve cómo cae en el sueño el otro; también cuando despierta. Entonces esa mirada adormecida busca resolver dónde se encuentra, hasta que topa con el otro.

Y seguimos así, sin tocarnos, ni hablarnos, sólo mirándonos. En nuestras mentes construimos el recorrido de nuestras manos a través de la piel; pero nuestras manos son inútiles. Los pies de cada uno se acarician entre ellos, pero no tenemos la intención de tocarnos con ellos. Todo está en reflejo de nuestras miradas, en los movimientos sutiles de nuestras cejas, en los guiños, las sonrisas y las risitas que se quedan atoradas en la garganta.

Me encanta estar así, ver como a penas entra la luz por la ventana y el cuarto iluminado por el sol de la mañana, radiante, como todas las mañanas de verano. Verte sobre la cama, frente a mí, bocabajo, sólo con tus pantalones de bolsitas y sin calzado. Siento en mi pecho como el corazón se me quiere salir y percibo cada latido, cada movimiento que él hace por tu culpa. Mientras, sólo busco disfrutar tu mirada a través de tus ojos, esos ojos enormes, infinitamente negros. Esos ojos que hablan tanto, que me dicen "te quiero", "me encantas", "bebé", "mi amor" y "que bueno que desperté y sigues aquí".

Anoche vi cuando cerraste los ojos para dormir; quise disfrutar ese momento, tanto como pudiera antes de caer también. Cuando entraste en tu sueño, te convertiste en un ángel, acostado sobre su nube; dormías como un hermoso bebé, que no le preocupa el mañana, que no supo si hubo hoy. Y con esa imagen, me dormí, guardando tu paz.

Esta hermosa mañana desperté y, sobre la cama sin destender, seguías volando, irradiando belleza y tranquilidad, las mismas que me has dado. Así que esperé a que despertaras, para darte los buenos días; al despertar, no nos dijimos nada y eso fue estremecedor. "Hola mi amor, buenos días", dijiste con tu mirada y sonrisa tierna.

El tiempo transcurrió lentamente, casi como si se fuera a detener. Te memoricé palmo a palmo: tu cabello bañando tu cabeza, tu espalda desnuda, hasta los hoyitos al final de ella. Ver tus nalgas orgullosas por debajo del pantalón, el mismo que cubre el camino de tus piernas, que termina donde comienzan tu tobillos y sólo para rematar, tus piecitos. Pero sin duda alguna, son tus ojos los que no se apartan de mi mente y tus labios los cincelados en mí. Admiré tus labios como si nunca los hubiera visto; los deseo tanto como cuando te conocí y quería robarte sólo un beso.

Sin darme cuenta, me quedé dormido, pero no lo note hasta que desperté; había estado dormido y soñado. En mi sueño, rompíamos este acuerdo y comenzabas a acariciarme, primero el cabello y luego mis hombros. Luego te acercabas lo suficiente, recorrías mi rostro y comenzabas a besarme, muy lentamente, disfrutándolo, segundo a segundo, en tus labios se sentía un gran deseo y el placer con el que lo hacías. Y al sentir el último beso, abrí los ojos. Tú estabas frente a mí, donde te había dejado y me mirabas dulcemente. Entonces una felicidad indescriptible se apoderó de mí y antes de poder decir algo, estiraste tu mano para con uno de tus dedos sellar mis labios.

Escuchamos nuestra respiración y percibimos la tranquilidad que nos rodea. Este espacio tan sagrado para nosotros, tan lleno de nuestro amor, nos guarda confortablemente. El día es joven (como nosotros) y quisiéramos que siempre fuera así. El clima es cálido y sudamos levemente, pero eso no es pretexto suficiente para retirarnos.

Ahora, en tu mirada de repente nace una idea y sonríes pícaramente. Con un dedo me haces señas que me acerque, mientras me guiñas un ojo. Cerca de ti, me abrazas y juegas con el cabello de mi nuca. Me observas un rato, con tu mirada enamorada. Te acercas a mi oído, muerdes mi oreja despacio y murmuras: "Te amo...".

Así termina esta sesión de silencio entre nosotros y nos dirigimos al baño, a la regadera; ahí, comenzará algo más, donde las palabras y los sonidos colmaran nuestros sentidos. Entonces haremos todo eso que planeamos en nuestra mente, materializaremos nuestros deseos; pero seguiremos jóvenes, felices, en este cuarto que nos guarda confortablemente.

lunes, enero 15, 2001

Hace tanto...

Se oye la regadera abierta, y el vapor de agua ha tomado el cuarto de baño y con dificultad se ve quién toma la ducha. Sólo se escuchan las gotas de agua lanzadas a presión estrellarse con el suelo; de repente también se percibe cuando el shampoo o el jabón es enjuagado y estos bajan con su sonido característico, pues opaca el ritmo del agua cayendo.

Se cierra la llave del agua, cesando el concierto de la regadera. Se abre la puerta de acrílico opaco y a través del vapor se desliza la figura desnuda de Adriana; ella toma una toalla y se la pasa a otra figura, la de un hombre, que aparece de dentro de la regadera. Ambos se voltean a ver, se ven con cierta mirada de complicidad y sonríen.

Sin haber terminado de secarse, ambos caminan hacía la alcoba. El cuarto está pintado de color melón claro, el juego de recamara es todo madera y hay una mecedora de ratán con un colchón para sentarse en él; además, hay una cama king size vestida de rosa pastel. La habitación está a media luz, cálida y dotada de una tranquilidad alucinante.

Entra Adriana a la habitación; ella es una joven de piel bronceada, de ojos poco rasgados y de un café profundo, con unos labios carnosos y afilados, se puede ver donde está su cintura y donde comienzan sus caderas, sus nalgas son firmes y redondas, pudiendo decir lo mismo de sus pechos, sin olvidar su abdomen plano y firme. El cabello de Adriana es castaño y le llega a los hombros, sus extremidades son delgadas, sus manos y pies pequeños; aunque en sus brazos se puede ver vello, el resto de su cuerpo está depilado y su piel es suave.

Adriana se seca con una gran toalla blanca; tras ella entra a la habitación su joven acompañante. Al mismo tiempo, la pareja se sienta en la cama, en el mismo lado. Adriana se sienta frente, pero de espaldas, a su compañero mientras seca su cabello. Cuando ella pone la toalla sobre sus hombros para secarse la espalda, el joven, lenta y cuidadosamente, la abraza por atrás; ella se deja ir y él le susurra al oído, con un tono de deseo fervoroso y mantenido a través del tiempo: "Hace tanto que te deseaba... ¡hace tanto que te deseaba!". Dicho esto, ella suspira tiernamente y se muerde los labios con cierto gesto de excitación y nervios. Así, la habitación se va al oscuro.

El joven despierta, lo primero que ve es la habitación color melón y luego la ropa de cama rosa, también notó que la mecedora estaba en su lugar y el juego de recamará estaba completo, según lo recordaba; sin embargo, faltaba Adriana en la cama. Aunque todo era igual a lo que recordaba de la noche anterior, debía aceptar, que a pesar de sentir el agua de la regadera, el vapor, la toalla para secarse y la piel -la sensación de la misma- de Adriana, nada de eso había pasado, porque fue real mientras duró. El joven se tapa nuevamente y procura volver a quedar dormido, y piensa: "¿Quién sabe? Puede que entre y me tope con Adriana otra vez...". Y mientras se queda dormido repite con voz muy baja: "Hace tanto que te deseaba, hace tanto que te deseaba, hace tanto que te deseaba...".

lunes, enero 10, 2000

Ante el espejo y su realidad

Cada mañana me levanto y veo la mirada de un hombre, cuyo cuerpo se estremece a diario, y es que cuando se mira en el espejo sólo encuentra su mirada, perdida, con desvelo. Siempre busca con emoción la mirada de alguien más, de una mujer, de su mujer; por eso su cuerpo lo castiga a diario, por la necesidad; todo su ser tiene una necesidad de percibir, y lo anterior es para aliviar carencias propias, porque desea la fricción de las pieles para el calor que le falta, el encuentro de las miradas para los nervios fríos que tiene, de un encuentro de labios para el entusiasmo muerto… y del sinnúmero de contactos carnales que se dan entre dos almas que se aman, para no abandonar el uso natural y complementario de dos individuos: de un hombre y una mujer.

Pero el complemento del hombre estaba lejos, pero no de su mente. Sus desvelos eran por imaginarla, y la indiferencia de su mirada es por no poder verla -pues tiene la necesidad de verla-, de quererla, de tocarla, de amarla.

Y sufre al saber lo impotente que es, al entender y comprender que nada puede hacer para alcanzarla. Sé bien por lo que pasa este hombre, pues cada mañana lo veo pararse de la cama, abrir los ojos y mostrarse ante el espejo, para ver su reflejo desfigurado y ojeroso en el artefacto reflector, que le recuerda lo solo que esta. Este hombre no deja de pensar acerca de su absurda vida, de como fue a caer en dicha situación, sufre en lo hondo de su corazón, y sé bien lo que sufre, porque ese hombre soy yo.

domingo, septiembre 26, 1999

Imágenes e ilusiones

Ilusiones en un mundo lleno de imágenes; espejismos en las ilusiones del corazón.

Cuando en el cielo se rompen los íconos, en la tierra caen en pedazos los amores.

Visiones de un mundo imaginario son las que se presentan en un horizonte formado por sueños sin sentido, por pensamientos vacios. Cuando las quimeras se prostituyen por contactos vanos, por lo superfluo de la inteligencia humana, el cuerpo se precipita estrepitosamente contra la muralla de la realidad. Sea temor del hombre su corazón; sea anhelo de su mente la razón.

Que mueran los sueños, cuando estos maten la ilusión.

jueves, marzo 25, 1999

Melancolía

No es un domingo normal, estoy seguro. Ayer, hasta antes de las 11 de la noche, fue un sábado común; no tengo idea si mañana habrá otro San lunes de neurosis, de ser así sería ordinario, lo que me preocupa es que no lo sea.

Odio los días anormales; hoy me levante con efectos de resaca, y ni alcohol del 96 toque ayer. Eran las 12:30 p.m. en el reloj y estaba aun en la cama, solo, con dolor de cabeza, confundido. Un domingo normal hubiera sido levantarme, no hacer nada, comer, tarea y dormir. Pero hoy fue un domingo nefasto, uno que no quiero vivir otra vez. Tenia dos tapones en las sienes, sentía como latía mi cerebro y un dolor desesperante venia por momentos en el hemisferio izquierdo. Una vez llegue a la conclusión que las emociones fuertes no son para mí, de haberlo entendido, hace mucho las mujeres ya no serían tema de mis conversaciones.

Anoche no quise perder la cabeza, y menos el autodominio, pero ya la espera se ha hecho insoportable, las ganas de un beso, el deseo de las caricias, de tener un susurro con sabor a "te amo"... todo eso me llena de melancolía, porque parece que no lo tendré jamás. Mi melancolía no tiene principio, porque no tengo idea de como empezó. No sé si fue de día o de noche, en la cama o en la calle; sin embargo, cuando logro cortarla de mi pecho crece en mi cabeza, y cuando la quito de mi cabeza ha florecido de nuevo en mis entrañas. La pantalla dice "1:14 a.m.", en menos de seis hora tengo clase, pero la cabeza no me deja en paz, mucho menos el corazón. ¿Qué me hace estar en pie tecleando palabras vacías a las que sólo yo les doy significado? Una voz, cuyo rostro no conozco; palabras escritas por manos desconocidas; emociones de un cuerpo lejano. Y todo es parte de una antítesis de la realidad, una reacción a letras sometidas a ojos desnudos enfrentados a la tecnología.

Con todo, no maldigo el día en que te conocí, ni el último que no hable contigo. Maldigo el día que deje que la inocencia se escapara por mis poros, cuando permití que la "madurez" circulara por mis venas. Maldigo este domingo que pase en gran estupidez, como si no hubiera nada en cabeza, como colapsado, tal enfermo mental desarraigado de la realidad, que no tiene idea que hay mundo exterior. Quisiera borrar este domingo de encrucijada que tuve, día de melancolía que me llevo al borde de las lagrimas; en el día de descanso no hubo parte para mí, yo no tome un relax, yo tuve que enfrentarme a fantasmas ocultos en mi mente, pues quise moverte para dejar pasar a alguien más, pero no quise traicionarte. Aun así, de la silla no me despegue, y tu llegada espere con anhelo.

¿Qué paso tres horas antes? Una llamada, no respondes, lo hace otro, cuando hablas, una voz te aguarda... que decepción no poder hablar contigo, ¡me urge! ¿No ves que es una emergencia? ¿Te das cuenta que es nuestra vida la que cuelga de esos contactos efímeros que tenemos? Por desgracia cuando pierdo el control, aunque intente suprimirla, la melancolía llega, porque al perder lo primero francamente hablo de lo que quisiera que fuera, pero te cierras, y al no poder entrar, aquel dolor que me sustenta sólo me alivia con melancolía, porque no conoce otra cura, y aunque este cada vez se acostumbra a mí, ya que me niego a conocerlo, cada vez es más profundo su reclamarme de la vida, pues me ataca con preguntas filosas, tal como filosofías paganas inexplicables para los ignorantes.

Y aunque el domingo terminó, la llama de mi vida aun está encendida, pero el lazo de nuestras almas sigue flotando, incierto en su fin. ¿Por qué no dejas que entre en tus entrañas? Y si por casualidad me topara con tu melancolía me la comería, pero si me hallo tus miedos los desmembraría, y si me encuentro tus angustias y pesares los destruiría, aunque si diera con tu pasado lo dejaría pasar, porque no me importa; sin embargo, cualquier otro mal que viera en ti, haría con él lo que Dios con Sodoma y Gomorra: lo quemaría hasta no dejar nada de él. Aun así, me buscaría en tu pecho para tratar de encontrarme, y si estoy presente, entonces te concedería lo más valioso que tengo conmigo... yo mismo.

Semanas, días, horas y espacio... eso es lo que nos separa, quisiera que eso fuera y nada más. Lo anterior lo digo porque no quisiera que los días de mi vida se vieran dirigidos por el animo que reino este domingo, pues lo viví de madrugada hablando de la felicidad que te quiero regalar. Mucho menos quisiera que todos los días se vieran insoportables por la migraña, ansiosos por la espera o melancólicos por la soledad y la desesperación. Y si soy un dios, un ser perfecto, mi lugar sería con diosas; pero porque soy un hombre, y no busco diosas, he querido regalarte todo lo que me pertenece, toda mi imperfección, todos mis pensamientos y sentimientos, todo esto con el único y exclusivo fin de hacerte feliz y llevarme conmigo la melancolía que empapa tu vida. Deja que te ame, porque sólo así soy feliz.

lunes, marzo 22, 1999

Te quiero

Tengo sentimientos encontrados,
porque lo nuestro es extraño,
ya que sin importar el cariño,
hay algo que nos tiene separados.

¡Mira!, Tantas cosas quisiera decirte.
Quisiera que supieras lo que arde,
Pues no te he querido a adrede,
Desgraciadamente no puedo tenerte.

Tu dices que habrá un tiempo,
Un momento para nosotros,
Para estar juntos y querernos.
¡Deseo que llegue ese tiempo!

Si supieras lo que arde en mí.
Deberías ver mis pensamientos,
Deberías oler mis sentimientos.
¡Cuán gratos son ellos por ti!

Amores extraños y prohibidos,
Los nuestros lo son por mucho.
Mis cariños son todo un hecho
Aunque para ti son desconocidos.

Dime, ¿cuándo estaremos unidos?
¿Cuándo tocare tu piel, sentir tu ser?
Besar tus labios, saber que es querer.
Entretejerme contigo, estar juntos.

Ya no quiero imaginarte; estoy harto
de suponer el sabor de tu intimidad,
de tratar de concebir tu suavidad,
Intentando siempre engañar a mi tacto.

Mis manos se estremecen al oírte.
Algo explota en mis entrañas.
Siento, por ti, cosas extrañas.
Todo lo que soy quiere tenerte.

No es necesario seguir expresándome,
Porque todo, acerca de esto, lo sabes;
Porque mi amor por ti lo conoces.
Te esperaré, mientras sigas amándome.

jueves, noviembre 26, 1998

Lo que veo desde aquí

Te veo caminar y tu ritmo me hace bailar por dentro, tus caderas y piernas me hacen sentir en una gran fiesta.

Te veo sonreír; no hay cosa que me provoque más entusiasmo ni gozo, porque tu sonrisa es como conquistar la meta más alta impuesta.

Cuando fijas tu mirada de esmeralda en mí siento mares de latidos que vienen desde el fondo de mi pecho, que gritan en silencio tu nombre.

Veo tus labios y me parece sentir un alimento exquisito, como el que nadie más a probado, porque tus labios no le pertenecen a nadie.

Veo tu piel de arena blanca, cálida y suave, y me dan ganas de acariciarla y vivir sobre ella, sintiendo los detalles de ella jugando como mis sentidos.

Las ondas de tus cabellos juegan con el aire que pasa, y tu sinuosa silueta corta cada ráfaga, como si fueras esculpida por cada una de ellas, pero el viento que te rosa lo envidio porque te toca y yo no.

Desde aquí te observo, distante, sin señales que muestren que vienes hacía mí, aun te miro con los ojos de animal a punto de morir; mi único deseo es mirarte como si fueras musa, porque no lo eres, eso quisiera, para que fuéramos uno, como lo fue en el principio la primera pareja, una carne, una sola, que nadie separaría, sólo el precio del pecado, la muerte.

Pero no es amor, es atracción, porque tu esculpimiento me atrae, pero nuestra falta de atención no nos ha unido.

Si tu corazón lo permite, si mi boca me deja, quisiera que fueras mía, para no desearte más, para no seguir viéndote desde a aquí.

miércoles, mayo 20, 1998

Escrito con sangre

Caminé despacio por todo el corredor de un piso pulido liso y reluciente, me dirigí al interruptor del aire acondicionado al tiempo que me preguntaba: "¿No habrá ,manera de que pase más tiempo solo?", y es que hoy no he podido evitar seguir pensando en ti; hoy te escribí y escribií... pero lo que más me absorbió fue tu carta, la cual leía como ceremonia, con solemnidad absoluta, como si no hubiera más que leer en el globo. Como rito tomaba tu carta, la abría con cuidado, respetando cada doblez, despacio la extendía y comenzaba su lectura.

Tú sabes lo que leí: tu desprecio, tus razones para no quererme; tú entiendes lo que dices: te puse trabas para lo nuestro, tú sólo me lanzas la bofetada en respuesta a la restricción. Aun así no me puse triste, más bien, me conmovió el leer todo lo que me decías, porque no entiendo con que fin lo hiciste, si para decirme que por los obstáculos ahora debía soportar la negativa, que con inconveniencias o sin ellas no podía consumarse la relación o que simplemente estaba trazado que tú y yo no podiamos unirnos.

Después de leer tantas veces tu carta, en cada ocasión pude entender la manera de como comprendías la vida, ¿sabes qué es lo más absurdo? Que tú no estás aquí escuchando todo esto, se lo estoy diciendo al termostato del clima, que no lees lo que está escrito, sino oyes el llamado de mi corazón que clama por ti, por tu precencía, por tu calor y tus palabras... me siento ridículo hablándole al aparato, así que me di la vuelta para regresar junto a ti, aunque no estaba tu cuerpo, para abrazarte, a pesar de no ser mía... para escribirte lo que nunca consideras tuyo, a pesar de que te pertenece.

Para calmar la histeria tuve que manchar el piso para no ver tu reflejo, fue la sangre la que cubrió tu cuerpo y no dejo ver tu cara; en ese momento no había otra cosa en mi mente, sólo tu nombre que volaba eufóricamente dado de vueltas en la jaula creaneal, y para tranquilizarlo tuve que escribirlo con la sustancia viscosa derramada en el piso y que empapaba mi ropa; junto a él un solo deseo, término para designar lo que no fue, lo que quise hacerte, mi única expectativa de ti, decía a la gota: "Siempre te querré".

Me puse de pie, mi cabeza me dolía, me lleve la mano a la cabeza, había sangre. "¿Qué sucedio?" -dije en voz alta-, mire el reloj: dos horas más tarde desde que prendí el clima; no me moví ni un paso, no había sangre en el suelo, sólo un hilo de sangre en la pared. Sin darme cuenta me golpeé muy fuerte, quizá para descargar la furia de tu rechazo. En fin, lo más que pude hacer es sentarme a escribir y lo único que se me ocurrió fue escribir en el piso tu nombre con sangre...

viernes, mayo 15, 1998

Veinte Minutos

Sólo veinte minutos para reponer el desvelo de noches atrás.

Necesite de veinte minutos para destruir mi duro trabajo.

En veinte minutos probé un sabor femenino que me causa repulsión.

Con veinte minutos puedo extinguir mi vida por completo.

Después de veinte minutos descubrí que no obtuve todo lo que esperaba de los demás.

Durante veinte minutos medite sobre el nubloso y cercano futuro.

Tras veinte minutos comprendí la confusión de los miembros de mi cuerpo.

Hasta veinte minutos es muy poco tiempo para lograr mi felicidad.

No me bastan veinte minutos para decir lo que debería.

Cuando hayan terminado veinte minutos la habré contemplado hasta sentirme satisfecho.

Me ha tomado veinte minutos escribir esto y a ti sólo un minuto leerlo.

martes, mayo 12, 1998

Muerte

Ante la brevedad de la vida el hombre es un ser insignificante. Me parece increíble el creer que la muerte se presente en esta forma, es sorprendente que las cosas terminen de esta manera. Hoy te encuentras con una persona y mañana ya no vive, se ha ido, de repente se esfuma, desaparece. Yo sé que la muerte nos acecha a todos, en cualquier momento me puede atrapar y ser súbito de su reino; pero no deja de impresionarme la noticia de alguien que muere, aun cuando pudiera explicar mi sentir a alguien, no lo entendería. Quisiera llamar a quien sea para decirle lo que me pasa, pero me detiene mi timidez, el miedo a que no comprendan el motivo de la llamada, yo solo deseo que escuchen lo que mi alma grita por dentro, que sepan mi sentir, pero no creo que lo comprendan, supongo que me oirían y acompañarian en la platica, pero nunca apreciarian lo que siento.

Para mí es necesario que entiendan lo que siento; ahora bien, ¿será posible hallar alguna persona que escuche lo que tengo que decir? Probablemente. Por momentos tomo la decisión para hacer la llamada, sin embargo el temor aun me detiene, no tengo poder para hacerlo. Quisiera expresar que la vida es muy fugaz, sólo una exhalación, puño de arena lanzado al aire ¡Qué insignificante es el hombre! Me siento y los recuerdos invaden mi cabeza, los problemas y sueños se relegan hasta desaparecer, pero aun la interrogante, la preocupación permanece, las remembranzas hacen que mi asombro se avive, y de mí sale una voz que dice: "No puede ser, simplemente, ¡No puede ser!". Deseo llamarle a cualquiera de los que tengo presentes, sin embargo me hago de la idea que ninguno de ellos se uniría a mi en mi soledad, no ahora, quizá nunca.

Por el momento los párpados me pesan, estoy cansado por la rutina, debo descansar, quiero dormir, por el momento solo un rato... hasta el amanecer... ya llegará el tiempo para mi descanso, descanso eterno.

martes, mayo 05, 1998

Incongruencias

Para ser un buen escritor uno debe saber expresar lo que quiere decir, ¡diablos!, ¿Cómo se supone que debo hacer eso?, ¿cómo plasmas un sentimiento, una persona en papel y con tinta? Está bien... tomaré mi lugar y procurare escribir un poco... "Había una vez...", no, no, eso suena a cuento de hadas, a ver... "En una ocasión...", tampoco, parece sermón, ¡rayos!, todo lo que debe de hacer uno para tratar de decirle a los demás tu estado de ánimo, es desesperante y abrumador el poner por escrito lo que quieres transmitir, sobre todo si te interesa que el mensaje llegue correctamente, bueno... "Te conocí...", ¡contras!, suena a canción de Flans.

¿Por qué me tomo tantas molestias para escribir, si el producto de mi mente es para una persona que ya no me quiere? Así es, por una chava que ya no le interesco, ¿cuál es el sentido de decirle lo que siento? La verdad es que espere mucho tiempo para intentar "llegarle"; ahora que lo había decidido, cuando más deseaba tener su compañia, en este tiempo en que siento el revoloteo de mariposas y el vuelco del estomago al verla... alguien más supo aprovechar la oportunidad. Y yo, a sabiendas de que no podia acercarme, seguí mirando hasta que la inmensa obscuridad de sus ojos me trago, me deje llevar por las olas de sus cabellos, me perdí en las arenas blancas que forman su piel... estoy atrapado en un sentimiento que consume lentamente mi ser, haciendome pensar en por qué no la quizé más... un momento, pero nunca fuimos novios... ¡estoy mal!, de verardad ¡estoy mal! ¿Desear que nos reconciliemos y "regresemos" cuando ni siquiera salimos juntos alguna vez? Amor... ¡bah!, a veces parece un juego de relevos: primero comienzas con un individuo, luego pasas al siguiente y terminas con otro, pero realmente no eres de nadie... ¡Amor!, amor... ¿Quién puede vivir sin amor?, lo que es lo mismo ¿cómo un escritor puede vivir sin sufrir? La verdad es que nadie que no haya sufrido o vivido puede escribir y, entonces, transmitir a su lector lo que relata o describe, porque es como si un ciego quisiera describir colores o paisajes. De igual forma, es inevitable vivir sin amor, no puedo dejar de pensarla, no, y no quiero seguir así, me hace daño, porque ella es un amor imposible.

Quisiera saber como escribir esto, ¿a quién se le ocurre tratar de plasmar un sentimiento? Los sentimientos no se tocan ni se ven, solo se viven, se sienten. Aunque aparentemente escribir es fácil, no lo es, y es aun más si es para alguien que quieres. Desearia poder dejar de pensar en ella, tal como no es sencillo abandonar el intento de escribirle algo, pero no la puedo arrancar de mí, por eso me acabo, es como si escribir alivianara mi sufrir, tal vez por eso no dejo de pensar en ella, porque no puedo evitar seguir escribiendo.

Mujer

La observo desde lejos, voltea, me ve, regresa a su lugar, insiste, yo no despego la mirada de ella. Me atrae, me acerco, se va, quedo solo, se detiene y hace señas, me conforta... ¡¿Cómo he de decircelo?! Sin embargo, ella también se ve lejana, cuando estoy junto a ella huye. Cuando me alejo quiere que me acerque; busco la manera de acercarme, lo intento, pero ella esperaba algo más. ¿Qué si la quiero? ¡La quiero!, aun cuando no le puedo dar mi cariño. ¿Qué si quiero estar junto a eñña? Claro que quiero estar a su lado; pero cada vez que me acerco la siento más lejos, como si ella misma, al sentir mi proximidad, quisiera alejarse, porque cuando deseo compartir con ella mis cosas prefiere estar separada. Ahora bien, desde lejos me dice que le gustaría que yo le compartiera de mí, que me acercara para hacerlo. Pues, ¿por qué debemos estar así? Sé que soy extraño; igualmente ella: es alegría y felicidad, euforia y sonrisa mezclada con nostalgia, tristeza y melancolía. Siempre la veo, me ve, sonríe, me aproximo, se paraliza, intento aliviarla, entonces huye, para después, cuando yo estoy lejos, hacerme sentir que me quiere junto a ella, abrazándola, queriendola. Y si me equivoco es porque para mí ella es fusión de muchos de mis sueños; y como ellos, tiene muchas de las cosas que siempre he deseado, por el contrario mis sueños son imperfectos, por ser irrealizables, en consecuencia hay una barrera entre nosotros, que ninguno de los dos quiere saltar, pero desde ambos lados susurramos cosas melosas, cuchicheamos el deseo del uno por el otro, casi sólo se oyen en nuestras mentes; cómo me gustaría que escuchara mis pensamientos, tantas cosas quieren decirle... ¿Frustrado? Quizá, sólo porque tengo la seguridad de que al quererla le haré daño, ¿de qué sirve quererla si la puedo matar con mi pasado y con mi ser? No vale la pena intentarlo, pero lo que siento por es tan intenso como lo que impide decírcelo. Mezcla de sueños, hermoso ser que adorna las mejores páginas de mi vida, si pudiera quererte serías complemento mío, la parte del rompecabezas de mi vida que está ausente, porque dentro de ella late el deseo por aquellas cosas que anhelo, es como yo, vive como vivo, sufre con lo que sufro, ¿Cómo no poder saberlo si actúa como yo lo hago? Porque en secreto me quería, y solo ella y los suyos lo sabían, de igual modo pasaba conmigo. Hoy me quiere menos que antes, aun así tendría que decirle todo esto; porque hoy me acerque, me vio, temió, quise confortarla, pero se marchaste. ¿De qué manera me acerco? Mujer de cabellos alegres, que huele a rosa, siendo sus ojos como el infinito mismo, cambiante como la luna y diversa como las estaciones ¿Quién la entiende y quién la puede poseer, pues si es libre como viento y a la vez presa como el ave enjaulada? Si yo la pudiera tener, no dudaría en tomarla, pero hoy, ante todo, no puedo; vive dentro de mí, en mi ser, como musa que obliga a crear las cosas hermosas de las que podría ser autor, la cuales viviran como testimonio de lo que pudo ser, de lo que pudimos hacer. Dentro de ella hay una gran fuerza, esta le pertenece, espero la comparta con aquel quien la ame; por lo pronto quisiera me contagiará su amistad, algo para sentirte cerca, algo para que estemos juntos...

sábado, abril 26, 1997

Cuento

En mi cabeza las cosas comienzan a verse al revés. Mi mente está cansada y débil. Mi cuerpo mismo está agotado y enfermo. La cabeza por momentos me duele, también me da vueltas, a veces me levanto y todo se oscurece, pierdo el equilibrio y tengo que aferrarme a algo o alguien... en mi mente se conciben pensamientos y razonamientos tristes, llenos de soledad, donde la culpa y la incomprensión crecen cada vez que me adentro más en mis recuerdos, veo a mis compañeros, a los que han estado conmigo desde hace mucho tiempo; trato de confortarme con un buen recuerdo de ellos, sin embargo sólo consigo aumentar mi odio y resentimientos contra la humanidad, contra mí y mi vida; entonces busco a los que ahora se han convertido en mis compañeros, pero ninguno me conforta, pues ninguno de ellos, o ellas, mejora mi situación en ningún sentido, más bien, veo cómo he fracasado en acercarme a cualquiera de ellos, hoy yo soy uno más; cuando todo esto pasa ante mis ojos comienzo a envidiar a los demás, porque han formado círculos de amigos bien unidos; algunos están ahí por amistad, otras por no estar solos, otros por necesidad; yo, por mi parte, estoy solo y me molesta, ¿dónde están mis amigos?, uno enfermo y moribundo, velando la vida de alguien que se ha ido, el otro está en busca de más amigos, él tiene esa facilidad, además, no ve y no comprende lo que pasa conmigo, de otro modo estaría consolándome, él no lo sabe porque no debe saberlo y no he encontrado la manera de decírselo... veo cómo los demás ríen y se divierten, o encuentran qué hacer bajo las órdenes de alguien más. El canto a coro de un par de muchachas hace que siga navegando a través de mí hasta que encuentre la manera de sopesar esta desdicha que siento... hay un llamado pero nadie responde, sigue el barullo y las risas, la diversión, y continúa la necesidad de alguien por obedecer para no ser odiado o desterrado; veo cómo aquellas mujeres que parecían inofensivas y buenas han cambiado, como las orugas: hoy es un gusano, mañana es una mariposa, por eso, hoy ya no soy lo que solían parecer, más bien, se han convertido en un grupo de depredadoras, que con constancia maquinan la forma de cómo devorar a alguien. Pongo atención a ese niño y sólo pienso en que ha tenido la desdicha de caer entre lobos; él cree ser Rómulo o Remo, pero es una oveja que poco a poco está más cerca de su fin... veo a esa niña que se cree reina, pero es parte de la diversión, pues con sus actos y dichos sólo entretiene a la reina y su mano derecha. Pongo mi atención en esas seis, que un tiempo, entre ellas, hubo una banca vacía, yo me senté en ella, quise ocuparla, acercarme a ellas, sólo es y nada más; sin embargo, un desquiciado, uno de esos que no miden el presente y mucho menos lo que ha de venir profirió blasfemias que me provocaron deshonra, a mí y a una de ellas; aparte de eso y otras razones, las cuales no quise indagar, su amistad y aprecio por mí se disiparon como humo de cigarro corriente; un día me levanté y a la banca que desocupé vino alguien más que sí llenó sus vidas... hoy veo como todos ellos van pasando y yo sigo aquí parado viendo cómo desfilan, brincan y se divierten frente a mí. El desfile de personajes y personalidades hacen que me vea inútil y aburrido, sin tener oportunidad de participar con ellos en sus bailes y cantos; para mí la vida se ha concretado en el cuarto que me guarda en las noches, ahora es mi lugar de descanso, mi lugar de retiro, es el único lugar donde siento alivio... sin embargo, la angustia persiste, aun la soledad no se va. Mi enfermedad aumenta, pero si muero descansaré de todos mis pesares, así no tendría que preocuparme por los demás, ellos harían y destruirían sin que me a mí me afectara, pues yo no tendría conciencia de nada en absoluto, sólo dormiría hasta que el último día llegará... por lo pronto sigo en este rincón solitario, no siento consuelo alguno, al contrario, al ver las risas y las pláticas de los demás mi corazón se amarga y busca escape a todos los temores y desencantos que lo oprimen. Espero el tiempo en que todo lo malo acabe, estoy seguro que Dios algo hará por nosotros, él nos creó, por lo tanto, él sabrá qué hacer para sacarnos de esto. Por lo tanto, la puerta al abismo está abierta, si la cruzó nunca volveré a ser el mismo, es más, ¿volveré al cruzarla? En este tiempo la indecisión es cada vez mayor, pues al seguir aquí probablemente viva sentado en esta esquina, murmurando y soñando, acabando conmigo mismo... sólo espero encontrar otra puerta antes de cruzar el umbral que lleva al abismo.