sábado, abril 26, 1997

Cuento

En mi cabeza las cosas comienzan a verse al revés. Mi mente está cansada y débil. Mi cuerpo mismo está agotado y enfermo. La cabeza por momentos me duele, también me da vueltas, a veces me levanto y todo se oscurece, pierdo el equilibrio y tengo que aferrarme a algo o alguien... en mi mente se conciben pensamientos y razonamientos tristes, llenos de soledad, donde la culpa y la incomprensión crecen cada vez que me adentro más en mis recuerdos, veo a mis compañeros, a los que han estado conmigo desde hace mucho tiempo; trato de confortarme con un buen recuerdo de ellos, sin embargo sólo consigo aumentar mi odio y resentimientos contra la humanidad, contra mí y mi vida; entonces busco a los que ahora se han convertido en mis compañeros, pero ninguno me conforta, pues ninguno de ellos, o ellas, mejora mi situación en ningún sentido, más bien, veo cómo he fracasado en acercarme a cualquiera de ellos, hoy yo soy uno más; cuando todo esto pasa ante mis ojos comienzo a envidiar a los demás, porque han formado círculos de amigos bien unidos; algunos están ahí por amistad, otras por no estar solos, otros por necesidad; yo, por mi parte, estoy solo y me molesta, ¿dónde están mis amigos?, uno enfermo y moribundo, velando la vida de alguien que se ha ido, el otro está en busca de más amigos, él tiene esa facilidad, además, no ve y no comprende lo que pasa conmigo, de otro modo estaría consolándome, él no lo sabe porque no debe saberlo y no he encontrado la manera de decírselo... veo cómo los demás ríen y se divierten, o encuentran qué hacer bajo las órdenes de alguien más. El canto a coro de un par de muchachas hace que siga navegando a través de mí hasta que encuentre la manera de sopesar esta desdicha que siento... hay un llamado pero nadie responde, sigue el barullo y las risas, la diversión, y continúa la necesidad de alguien por obedecer para no ser odiado o desterrado; veo cómo aquellas mujeres que parecían inofensivas y buenas han cambiado, como las orugas: hoy es un gusano, mañana es una mariposa, por eso, hoy ya no soy lo que solían parecer, más bien, se han convertido en un grupo de depredadoras, que con constancia maquinan la forma de cómo devorar a alguien. Pongo atención a ese niño y sólo pienso en que ha tenido la desdicha de caer entre lobos; él cree ser Rómulo o Remo, pero es una oveja que poco a poco está más cerca de su fin... veo a esa niña que se cree reina, pero es parte de la diversión, pues con sus actos y dichos sólo entretiene a la reina y su mano derecha. Pongo mi atención en esas seis, que un tiempo, entre ellas, hubo una banca vacía, yo me senté en ella, quise ocuparla, acercarme a ellas, sólo es y nada más; sin embargo, un desquiciado, uno de esos que no miden el presente y mucho menos lo que ha de venir profirió blasfemias que me provocaron deshonra, a mí y a una de ellas; aparte de eso y otras razones, las cuales no quise indagar, su amistad y aprecio por mí se disiparon como humo de cigarro corriente; un día me levanté y a la banca que desocupé vino alguien más que sí llenó sus vidas... hoy veo como todos ellos van pasando y yo sigo aquí parado viendo cómo desfilan, brincan y se divierten frente a mí. El desfile de personajes y personalidades hacen que me vea inútil y aburrido, sin tener oportunidad de participar con ellos en sus bailes y cantos; para mí la vida se ha concretado en el cuarto que me guarda en las noches, ahora es mi lugar de descanso, mi lugar de retiro, es el único lugar donde siento alivio... sin embargo, la angustia persiste, aun la soledad no se va. Mi enfermedad aumenta, pero si muero descansaré de todos mis pesares, así no tendría que preocuparme por los demás, ellos harían y destruirían sin que me a mí me afectara, pues yo no tendría conciencia de nada en absoluto, sólo dormiría hasta que el último día llegará... por lo pronto sigo en este rincón solitario, no siento consuelo alguno, al contrario, al ver las risas y las pláticas de los demás mi corazón se amarga y busca escape a todos los temores y desencantos que lo oprimen. Espero el tiempo en que todo lo malo acabe, estoy seguro que Dios algo hará por nosotros, él nos creó, por lo tanto, él sabrá qué hacer para sacarnos de esto. Por lo tanto, la puerta al abismo está abierta, si la cruzó nunca volveré a ser el mismo, es más, ¿volveré al cruzarla? En este tiempo la indecisión es cada vez mayor, pues al seguir aquí probablemente viva sentado en esta esquina, murmurando y soñando, acabando conmigo mismo... sólo espero encontrar otra puerta antes de cruzar el umbral que lleva al abismo.