miércoles, junio 01, 2005

Cartón Corrugado

Entras a tu taller y te pones contra la pared. Presionas tu cuerpo contra la pared y quedas de espaldas. Esa media luz, la que apenas te ilumina cuando trabajas, con otro poco que te baña, sólo sirve para delimitarte en blanco y negro, definir tu silueta.

Abres tus brazos y acaricias el cartón corrugado que cubre la pared. Despacio, no sé que sientes al hacerlo, pero lo disfrutas. Buscas una caricia en el cartón, quizá un recuerdo. Te gusta pensar que ese momento ya terminó, pero aun sigue ahí, que no terminará, que algo sucederá. Que el silencio del cuarto y lo sutil de tu respiración es música de acompañamiento, como la que usas para trabajar. Entonces te mueves, aun presionando tu cuerpo a la pared, al cartón, débilmente, sólo para disfrutar el rose en tu mejilla. Te detienes y suspiras, profundamente, con mucha satisfacción.

Y no es preocupación si te observan o espían, sólo lo haces. En tonos grises se descubre tu piel, terza, firme, con ese breve brillo, que pide acercarse, alcanzarla, para descubrirla, disfrutarla. Quizá sabe lo peligroso que es tocarla, pues después quién sabe si uno podría separarse o dejar de tocarla. Entonces quedar pegado a ella, a tu piel, para nunca separarse de ti.

Entonces giras y pones tu espalda contra la pared; tu desnudez queda completamente al descubierto. Tu feminidad queda al aire y vibra, en sus detalles redondos, afilados y suaves, con sus caracteristicas firmes y maduros. En esta desinibición completa de tu cuerpo, con la parte en contacto en el cartón de la pared, lo acaricias sutílmente y sale un gemido de ti, casi imperciptible, débil, pero muy claro. Te muerdes los labios y buscas sentarte, lentamente, sin dejar que tu espalda se aleje de la pared y el cartón.

Tu cabello cubre tu rosto. Tus labios sobresalen, como si tu rostro sólo se formará de ellos y una infinita sombra bajo tus cabellos. Tus labios se ven tan deseados como nunca: tan perfectos, tan únicos. No musitas nada, no hablas, casi no respiras - sólo de manera breve, disfrutando cada parte del aire que entra y sale de ti -, ni siquiera tu cabello deja tu rostro o pelo se mueve inoportunamente.

Te quedas ahí, como si fueras una estatua, tan hermosa y frágil, sumamente feminina. En este erótismo parece que te duermes o estás en espera... en esta soledad, en este silencio, ¿qué sueñas, qué esperas?