martes, mayo 12, 1998

Muerte

Ante la brevedad de la vida el hombre es un ser insignificante. Me parece increíble el creer que la muerte se presente en esta forma, es sorprendente que las cosas terminen de esta manera. Hoy te encuentras con una persona y mañana ya no vive, se ha ido, de repente se esfuma, desaparece. Yo sé que la muerte nos acecha a todos, en cualquier momento me puede atrapar y ser súbito de su reino; pero no deja de impresionarme la noticia de alguien que muere, aun cuando pudiera explicar mi sentir a alguien, no lo entendería. Quisiera llamar a quien sea para decirle lo que me pasa, pero me detiene mi timidez, el miedo a que no comprendan el motivo de la llamada, yo solo deseo que escuchen lo que mi alma grita por dentro, que sepan mi sentir, pero no creo que lo comprendan, supongo que me oirían y acompañarian en la platica, pero nunca apreciarian lo que siento.

Para mí es necesario que entiendan lo que siento; ahora bien, ¿será posible hallar alguna persona que escuche lo que tengo que decir? Probablemente. Por momentos tomo la decisión para hacer la llamada, sin embargo el temor aun me detiene, no tengo poder para hacerlo. Quisiera expresar que la vida es muy fugaz, sólo una exhalación, puño de arena lanzado al aire ¡Qué insignificante es el hombre! Me siento y los recuerdos invaden mi cabeza, los problemas y sueños se relegan hasta desaparecer, pero aun la interrogante, la preocupación permanece, las remembranzas hacen que mi asombro se avive, y de mí sale una voz que dice: "No puede ser, simplemente, ¡No puede ser!". Deseo llamarle a cualquiera de los que tengo presentes, sin embargo me hago de la idea que ninguno de ellos se uniría a mi en mi soledad, no ahora, quizá nunca.

Por el momento los párpados me pesan, estoy cansado por la rutina, debo descansar, quiero dormir, por el momento solo un rato... hasta el amanecer... ya llegará el tiempo para mi descanso, descanso eterno.

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